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Luz María Ortiz Quintos / LikeMty

 Hoy por hoy, es muy común escuchar en las noticias notas sobre el maltrato físico en las familias, en ocasiones la violencia se comente del hombre hacia la mujer, otro tipo de violencia menos común pero que también existe es de la mujer hacia el hombre y el más reciente modo de violencia es de los hijos hacia los padres.

En Nuevo León, de acuerdo a la estadística de la Procuraduría General de Justicia en el Estado, publicado el 14 de enero del 2019, en el año 2018 se presentaron 16,410 casos de violencia familiar, esto es solo de lo que se denuncia a la autoridad, ¿cuantos casos más habrá que se quedan sin denunciar?

La violencia familiar puede ser física como golpes, agresiones, ofensas o algunas veces, hasta causar la muerte. También existe la violencia psicológica como ignorar a la persona, maltratarla, hablarle con ofensas, intimidarla, amenazarla, y otro tipo de violencia es la económica; cuando la persona que es violentada, depende económicamente de la persona agresora.

Estos tipos de violencia, cada día van en aumento, por el estilo de vida que hoy tenemos, es una lucha de poder, de dominio, de posesión, que hace generar en las personas un abuso, un maltrato hacia la víctima.

Es más frecuente ver que las víctimas, al no encontrar ayuda, sienten miedo, soledad, angustia y abandono y llegan a estados de depresión que las lleva a quitarse la vida.

Necesitamos volver al origen de estas conductas, esto es la educación en casa, se han dejado de lado los valores, y la práctica de las virtudes, nos hemos deshumanizado y estamos dejando de lado formar ciudadanos más civiles y morales que sean capaces de comportarse en una comunidad valorando y respetando la vida de su prójimo, como su vida misma.

Avanzamos en ciencia y tecnología, pero retrocedemos en lo más importante, ser mejores personas, enseñar el respeto, orden, autodominio, disciplina, saber utilizar lo mejor de nuestro vocabulario, y enseñar a nuestros hijos con el ejemplo.

La violencia es como un virus que se introduce en los comportamientos de las personas de manera sutil y silenciosa, empieza con maldiciones, ofensas, gritos, hasta llegar a golpes ó en el peor de los casos la muerte.

¿Cuántos adultos que hoy son violentos, solo están repitiendo el patrón que ellos vivieron siendo niños?

Es urgente hacer un auto-análisis y reconocer, si el comportamiento que tenemos como formadores es el que nos va a llevar a revertir lo que hoy tenemos en nuestra sociedad.

Es muy necesario hacer un alto en nuestra vida y revisar; ¿cómo me dirijo a mis familiares, a mi esposa, a mis hijos, a mis padres?, ¿estoy dando el trato y la atención que quiero para mí? No podemos esperar que las autoridades bajen las denuncias y resuelvan los problemas de cada familia, somos cada uno de nosotros en lo personal quienes debemos de hacer un cambio y si sabemos de situaciones de violencia familiar, canalizarlos a las instituciones especializadas en acompañar a las familias.

Generemos en nuestro entorno un trato amable y respetuoso, apoyemos a todas aquellas personas violentas, agresivas, abusadoras, para salir de ese comportamiento y especialmente cuidemos de aquellos que están siendo mal tratados.

"El cambio empieza en uno mismo y empieza hoy."

Última modificación Domingo, 10 Febrero 2019
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